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Como diría Don Arturo: “Nunca desensillé; tomé resuello”.
Ahora me cansé de transigir: me da la úlcera si no salgo a contar todo lo que pienso (de mi generación, creo, entre lo más valioso fue la conducta de decir lo que se piensa -sin “discurso de conveniencia” y al precio que fuere- y hacer lo que se dice).
Y entonces digo:
Miserables KIRCHNER, por su culpa perdió el país, perdió el pueblo. Nos llevaron a la derrota porque no nos dieron otra opción (o no fuimos capaces de controvertirlo) que acatar. Así, eligieron a los vocacionales de chupar medias como amigos y asesores;
y lo peor: fueron no sólo amigos sino sus socios los serviles. Usaron
impiadosamente los recursos del Estado para solemnizar cofradías de
negocios donde se debatió el poder, que no atendió al interés general.
Cooptaron pecaminosamente voluntades vírgenes de militantes sociales;
compraron “llave en mano” sospechosas lealtades; minaron los caminos de
la crítica con la suspicacia sobre la traición; instalaron un nuevo
“pensamiento único”: en nuestro lugar “sólo piensa el jefe”. A los que
nos atrevimos a opinar nos relegaron al lugar del “enemigo” (y nos
aislaron y castigaron como a tales). Pero nos callamos, porque como
decía Scalabrini (salvando las distancias, claro): “no se trata de
elegir entre Perón y el Arcángel San Gabriel...”.
Pequeños, oportunistas, usurpadores y defraudadores de una épica,
inquilinos de una historia ajena (aquella que K llamó con acierto
hipócrita “una generación diezmada”); codiciosos, usureros, egoístas de
poder; comunistas, setentistas, evitistas, guevaristas, juvenilistas de
la peor ralea gorila; irredentos antiperonistas que no se atreven a
nombrar al único líder verdadero de la emancipación nacional (“¡qué
grande sos!”); incapaces de imaginar al caudillo y su milicia
revolucionaria que “inventa o erra”; “progres” ineptos para entender
que de la política la conjugación ética es la igualdad (en todas sus
expresiones); “modernos” que anteponen la “gestión” y la “eficiencia”
neoliberales a la inmensidad del concepto de la comunidad organizada;
secuestradores de la política, que la niegan en tanto servicio en el
que todos ganamos.
Esta derrota es de los que ejercieron el poder así, es de ellos.
Nosotros no la merecemos; aunque, no me lo hagan saber: AHORA VENDRÁN POR NOSOTROS.
El enemigo buscará el aniquilamiento de los que construimos este
presente esperanzador, a la vez ambiguo y paradójico. Descargará su
garrote sobre los organizadores de la resistencia obrera a las
políticas de Martínez de Hoz, sobre las madres de nuestros mártires,
sobre los generadores de las políticas territoriales de supervivencia
de la década del 90, sobre los protagonistas de la rebelión del 2001 y
sobre todos y cada uno de los trabajadores y militantes de cualquiera
de los intentos de canalizar a una base social, nacional, popular y
revolucionaria las iniciativas de los gobiernos kirchneristas. Porque
el enemigo no viene por la insignificante corruptela estatal, sino por
la administración fraudulenta de los fondos las AFJP, por la renta de
la soja y por el agua y nuestros recursos estratégicos; viene a
aniquilar la receta política sudamericana democrática de UNASUR y a
vaciar el Banco del Sur; viene, sí que me lo crean, por la revancha del
desplante frente al ALCA y al FMI.
Pero los peronistas somos tercos, pacientes, disciplinados (casi
fatalistas): sabemos que siempre llega la hora del escarmiento y
también conocemos las mieles -y el escozor- de la victoria. Por eso
sabemos esperar. Y, naturalmente, ahora nos disponemos a resistir, otra
vez a pelear, a defender lo conquistado en los últimos siete años. Y,
tal vez, empecinadamente, a reintentar lo máximo: sin una comunidad
organizada no hay nación (somos “incorregibles”, dijo ese medio ciego
que merecidamente ahora descansa tan lejos como en Bélgica).
Lo sabemos: no hay nación sin justicia social. ¿Queremos ser la
Generación del Bicentenario? Hemos hecho más que suficientes méritos
para ser dignos de una victoria, después de décadas de represiones, de
sacrificios, de postergaciones, de marginalidad, de olvido. Ustedes
saben que quien firma esto no es ningún “brujo” ortodoxo ni un
“mogólico”, ni un “nacionalsocialista” ni un “socialista nacional”
anacrónico, sino un patriota peronista artiguista, sanmartiniano y
bolivariano. Soy parte de una inmensa legión anónima de los que hemos
tejido laboriosamente nuestra historia política y nuestro carácter en
la adversidad, la proscripción y la represión, y por eso entendemos la
política como una ética de la igualdad y de la solidaridad.
Sin embargo durante los gobiernos kirchneristas, injustificadamente
(quizás insólitamente porque éramos sus mejores aliados y defensores)
sufrimos el ostracismo. Nos callamos, fuimos soldados, tragamos sapos y
escuerzos; pero también gozamos ruidosamente, festejamos y alentamos
nada silenciosamente las esperanzas de seguir avanzando en la conquista
de nuevas formas de distribución de la riqueza, de desarrollo económico
autocentrado, de exponer la ufanía de una Nación orgullosa en el
contexto sudamericano y mundial.
Pero, si queríamos sumarnos al elenco gubernamental, teníamos que optar
entre ser socios, competidores por los réditos, cómplices de los
desfalcos morales y políticos, malhechores ante la sociedad; por tanto
desahuciados de la ética nacional, popular (donde, como es sabido todos
los ladrones son peronistas pero no todos lo peronistas son ladrones) y
revolucionaria que esperábamos de los Kirchner. Si no, quedaba aceptar
ser calificados de enemigos personales, antagonistas políticos,
conspiradores institucionales y hasta golpistas, enfrentados a una
nueva ética donde cada necesidad genera un negocio. ¡Qué vergüenza!
Eramos amigos, camaradas, compañeros; buena gente, generosos,
trabajadores; viejos y anónimos o conocidos cuadros políticos, con
pasión por la política, larga pericia en el trato de las voluntades
humanas, erudición en victorias y derrotas, flexibilidad para el cambio
y ambición indoblegable para la revolución. Eramos lo que el poeta
nicaraguense Cardenal supo definir: “somos un destacamento derrotado de
un ejército invencible”. Ese es el peronismo, ¡qué duda cabe! Esa es la
fuerza que está detrás del kirchnerismo. Pero éste debe ser
consecuente, leal, solidario con el movimiento social que lo respalda.
Las revoluciones en América no se explican por cuestiones jurídico,
legales, electorales, liberales. Los grandes cambios son el resultado
del encuentro entre un movimiento social en alza con un caudillo, con
un jefe, con un conductor. Sin Liniers y una peonada bonaerense
levantada contra el invasor británico exótico y hereje no hubiera
habido Reconquista. San Martín ¿conformó un ejército militante o el
pueblo movilizado de Cuyo lo erigió su conductor? Belgrano se confundió
con el pueblo en armas de Salta y Jujuy para derrotar a los realistas.
¿Cómo se entiende que Artigas fuera el Protector de los Pueblos Libres?
Esperamos seguir avanzando en esa línea y defendimos y apoyamos al
gobierno y a la conducción del PJ, más allá de claudicaciones
inexplicables. Descansamos, cuando queríamos fortalecer nuestra
esperanza, en el cultivo de un pasado glorioso de sacrificios y de
lucha al que reverenciamos (el de la clase trabajadora revolucionaria
de Perón y de Evita y el de la juventud peronista). ¿Cuándo sería la
hora del encuentro entre el líder campeón e impoluto de la fe
revolucionaria y el pueblo movilizado en alma? Esas fueron, son y serán
siempre las cartas de nuestra victoria.
Pero perdimos con los Kirchner; y así perdió el país, la gente, los de a pie, los humildes. Todos perdimos.
NO SE ATREVAN A ECHAR LA CULPA DE LA DERROTA A LOS ELECTORES, A LA CIUDADANIA, A NUESTRTO PUEBLO.
Se que abundan las interpretaciones sobre la “inmadurez”, falta de
“conciencia política” o “de clase” de nuestro pueblo. Es una especie de
racismo solapado en la ideología. Lo único real y sobre lo que podemos
intentar una corrección, es que HAY UN SOLO CULPABLE Y SE LLAMA, POR
AHORA INDEPENDIENTEMENTE DEL GENERO: KIRCHNER.
El partido (¿PJ o F.PV.?) inexistente: puros “obsecuentes y adulones”,
los sodomizaría Evita, con gusto y razón. El gabinete de Cristina no
decide nada ni tiene historia, futuro, aliados y ni enemigos ¿de qué
militancia y experiencia de lucha peronistas provienen Scioli o Slim,
Maza u Ocaña?: sólo son funcionarios, cuya misión es “gestionar”. No
hay política cuando en el gobierno sólo se pretende administrar;
gobernar es obedecer, responder, ser capaz de someterse a un mandato
popular; gobernar es arriesgar al presente y apostar al futuro.
Hola, Cristina: Hacer política no es tarea de cagatintas.
Cuando estábamos renunciando a construir una política de estado con
estadistas, y de acuerdo al precio de las comoditties y el petróleo
teníamos el mundo por delante, encima, apareció LATINOAMERICA. ¡Qué
pedazos de aliados: Lula, Chavez, Evo... Y ni así...
Los Kirchner pasarán a la historia de la ignominia, porque el
establishment los obligó a quedase a mitad de camino, pero también
porque se dejaron entrampar en sus ambiciones cuando todos los
argentinos apostábamos a la revolución nacional y social para escribir
sus nombres con letras de oro en las tres banderas históricas de la
liberación nacional.
¡Pobres, la que se están perdiendo!
La historia no los absolverá (si no hacen lo que está nítidamente escrito en nuestra doctrina).
Otro sí digo:
OJALA CRISTINA SEA CAPAZ DE DAR VUELTA TANTOS DISPARATES Y ERRORES.
NOS COMPROMETEMOS UNA VEZ MAS (¿seremos como el alacrán en cuya naturaleza está someterse a las traiciones?)
¡HEMOS GANADO TANTAS VECES!
VAMOS A ACOMPAÑAR A CRISTINA Y A ESTAR A SU LADO SI DEMUESTRA VERDADERA VOCACIÓN PERONISTA.
ENTONCES, NO NOS HABRÁN VENCIDO.
VOLVEREMOS A GANAR
¡HASTA LA VICTORIA, COMPAÑEROS!
La Plata
29 DE JUNIO DE 2009
ERNESTO JAURETCHE
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