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Sobre la Concentración Económica y otros males irresueltos Imprimir E-Mail

 

La Concentracion y la Desnacionalizaciòn de la economìa son factores señalados desde siempre por el MoJaPE como causantes del empobrecimiento del conjunto del pueblo argentino asi como fuertes condicionantes de las decisiones necesarias para encarar el postergado proceso de desarrollo nacional autònomo. En esta oportunidad transcribimos el artìculo de Pablo Waisberg aparecido en el suplemento Argentina Econòmica de Miradas al Sur, el Domingo 18 de Enero pasado.   

 

Concentración y extranjerización de la economía: un problema de soberanía

El proceso que sufrió la argentina en la década pasada, y que aún no pudo revertir, afecta la autonomía y la capacidad de decisión del país 

 

El nivel de concentración y extranjerización de la economía argentina pone al país en una situación de mayor vulnerabilidad ante la nueva crisis de superproducción. El tema no es nuevo pero vuelve de la mano de los vaivenes mundiales y de la fragilidad de la regulación estatal. Es allí donde –coinciden los economistas consultados- queda negro sobre blanco la incapacidad del Estado para garantizar la supremacía del desarrollo nacional por sobre el interés particular de las multinacionales.

Un trabajo de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) pone en claro que cuando se habla de concentración hay que empezar por los insumos básicos: construcción, siderurgia, petroquímica y aluminio. Entre los superconcentrados se puede citar el caso del mercado de la siderurgia. El subsector de la chapa laminada en caliente está controlado por la globalizada Siderar (84%) y la brasileña Acindar (3%). El resto se importa. El mercado de la chapa laminada en frío está en manos de Siderar (99%).

"Ni la concentración ni la extranjerización son un mal en sí mismo, el problema es cuando se pierde soberanía, porque las decisiones se toman fronteras afuera", sostuvo Bernardo Tirelli, especialista en planeamiento industrial. Con otras palabras, dijo más o menos lo mismo Andrés Tavosnanska, integrante de la Asociación de Economía por el Desarrollo de la Argentina: "Las multinacionales responden a una lógica global que no siempre se corresponde con la realidad de nuestro país. El caso más claro es la actuación de los bancos extranjeros en estos últimos meses. Debido a las dificultades que atraviesan las casas matrices, algunas filiales locales han amenazado con reducir sus plantillas a pesar de estar obteniendo ingentes masas de ganancia en el mercado local".

Ese fue, por ejemplo, el caso de las terminales automotrices. Todas extranjeras, que –según sus propios informes- lograron producciones record en los últimos cinco años. Eso no es todo, su tasa de ganancia fue muy superior a la obtenida en sus países de origen. Así lo detalla un trabajo del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA) que comparó el precio de venta de un Peugeot 206 en Argentina (US$15.054), con el que se vende en España (US$15.301); pero advirtió que el salario mensual promedio de un trabajador argentino (US$789) es casi cinco veces menor que el de uno español (US$3.570).

La voluntad. Según el informe de la CNDC, los niveles de concentración de los otros insumos básicos industriales son similares al que registra la siderurgia. El mercado del cemento es controlado por cuatro empresas. Tres de ellas tienen el 96%: Loma Negra (48,55%), Cementos Minetti (32,48%) y Cementos Avellaneda (15,53%). Un punto que no puede pasarse por alto es que la que controla casi la mitad es brasileña.

El espacio de las petroquímicas (etileno) está prácticamente en manos de la norteamericana PBB Polisur (93%), el resto se reparte entre Petrobras/Pecom (4%) e ICI Argentina (3%). En el caso de las que se encargan del tolueno la situación es levemente distinta: Petrobras (Pecom) tiene el 56%, el resto es de Repsol.

Los fertilizantes nitrogenados (urea granulada, urea perlada, UAN), que se distribuyen en la región pampeana, pertenecen a dos empresas que concentran el 79% (Profertil tiene el 77 y Petrobras el 2%). El 21% restante se importa.

Entre las empresas de agroquímicos (curasemillas para maíz y girasol) no hay una situación muy diferente: la alemana Bayer tiene el 52 y Aventis el 36 por ciento. Es decir, que una empresa ocupa el 88% del mercado, porque Bayer adquirió Aventis en 2001.

José Sbatella, miembro del Plan Fénix, coincidió con Tirelli y Tavosnanska sobre "la lógica global" para la toma de decisiones económicas, pero subrayó la necesidad de "aplicar el poder de policía del Estado para amortiguar las consecuencias de polarización social que provocan ambos fenómenos económicos". Afirmó: "Es un problema que se resuelve con voluntad política, porque eso es lo único que se necesita para restablecer el esquema de contralor derogado por la Ley de Entidades Financieras" (ver recuadro).

Esa voluntad no estuvo o no fue insuficiente entre 1997 y 2005. Según un trabajo elaborado por el economista Claudio Lozano, la extranjerización de la cúpula empresaria –la franja de 200 compañías con mayor facturación del país- pasó del 52,5 al 64% en menos de una década, lo que significó una variación del 21 por ciento.

"Sobre 200 empresas, 27 modificaron el origen de su capital. De estas 27, son 23 las que incrementaron la cantidad de empresas extranjeras de la cúpula y 4 tienen que ver con empresas estatales. La contracara de este aumento fue la disminución de 17 firmas de origen local y la disolución de 10 asociaciones", indicó Lozano en un informe elaborado en base a datos oficiales del Indec y de la revista Mercado.

Este informe completa y amplía el detalle de la CNDC: "En la industria manufacturera la extranjerización pasó del 62,6 al 69,1 por ciento. Este incremento se debe al aumento de firmas extranjeras en siderurgia (del 60 al 80%), en el sector automotriz (del 91,7 al 100%), en química (del 77,8% al 87%) y en menor medida en petróleo (del 73,3 al 77,3%)".

El filo. "La concentración del capital es un arma de doble filo. Por un lado, es un medio utilizado por los países en vías de desarrollo para generar grandes empresas de capital nacional que puedan competir exitosamente en los mercados mundiales. En un mundo donde la escala es uno de los principales factores de competitividad, la concentración resulta fundamental para disputar mercados a grandes empresas internacionales y mejorar la inserción internacional", sopesó Tavosnaska, discípulo del fallecido industrialista Jorge Schvarzer.

"La concentración del capital es un arma de doble filo. Por un lado, es un medio utilizado por los países en vías de desarrollo para generar grandes empresas de capital nacional que puedan competir exitosamente en los mercados mundiales. En un mundo donde la escala es uno de los principales factores de competitividad, la concentración resulta fundamental para disputar mercados a grandes empresas internacionales y mejorar la inserción internacional", sopesó Tavosnaska, discípulo del fallecido industrialista Jorge Schvarzer.

Agregó: "Por el otro, se requiere de un esfuerzo de regulación muy grande -y no siempre fácil de realizar- para evitar que la utilización del poder de mercado de ciertas empresas resulte perjudicial. Esto puede afectar directamente a los consumidores, que se ven obligados a pagar mayores precios, y a las posibilidades de generar encadenamientos productivos hacia delante y hacia atrás. Por ejemplo, la captación de rentas monopólicas en sectores de insumos básicos puede reducir las posibilidades de desarrollo de empresas que utilicen estos insumos y les agreguen valor, como ocurre en el caso del complejo metalmecánico".

Sobre este punto, Sabatella tiene una posición más tajante: "La concentración no es necesaria, sino que ‘es’". Para él, el proceso de globalización es inherente al funcionamiento del sistema capitalista y puso el eje en el rol del Estado como nivelador de la fuerzas en pugna.

"En la Argentina la concentración fue acompañada con la desnacionalización. Más del 80% de la estructura empresarial con poder de mercado es trasnacional con lo cual se agudiza el fenómeno del desinterés por el mercado interno para la producción real. Sólo les interesa y han hecho efectivo el control de la distribución de bienes de consumo. Un ejemplo claro son las grandes cadenas de supermercados que se apropian del poder de compra del mercado interno, no para expandir valor agregado nacional, sino para remitir utilidades a sus casas matrices", indicó.

Adentro. Sbatella consideró que la clave para competir en el mercado internacional está en "consolidar un esquema de economía nacional basada en la expansión del mercado interno, integradas las cadenas de valor de los productos que se consumen".

Sbatella consideró que la clave para competir en el mercado internacional está en "consolidar un esquema de economía nacional basada en la expansión del mercado interno, integradas las cadenas de valor de los productos que se consumen".

"Una vez satisfecho el mercado interno se deriva naturalmente, por las ventajas comparativas, en algunas ramas de la producción la posibilidad de competencia internacional. De nada sirve tener enclaves de exportación competitivos que no estén ensamblados con las cadenas de valor que abastecen al mercado interno. Sólo aumentan las tasas de ganancias que se remiten a sus matrices o se fugan", insistió.

Tirelli puso el acento sobre la soberanía económica y la capacidad del Estado de tomar en sus manos políticas activas en áreas estratégicas que las empresas privadas dejan de lado. "Las industrias aeronáutica y naval han desaparecido y son generadoras de otras industrias. La industria nuclear y todos sus derivados, que intentó ser privatizada pero sobrevive en el Estado no tuvo un desarrollo considerable. Con las energías alternativas ocurre otro tanto", detalló.

"Ese tipo de cosas, que la actividad privada concentrada y extranjera no realiza en el país debería encararla el Estado. Es una obligación suplir ese tipo de desarrollos y es, al mismo tiempo, una decisión política no tomada", señaló Tirelli y marcó la ausencia de una ley de desarrollo industrial que sea el complemento del sostén del tipo de cambio para impulsar una política que tenga su vértice en el papel del Estado como generador de desarrollo.

 
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