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Bernardo Tirelli Documento original: julio 2006 Primera actualización: mayo 2007 RESUMEN El gran objetivo de nuestra política es el Proyecto Nacional, Latinoamericano y Popular. La tarea política es cómo se llega a él, cómo se prepara la fuerza político social para construirlo, para crearlo, para sostenerlo, para darle continuidad y proyección en el tiempo. Más que hablar de construcción política hay que hablar de reconstrucción. Y no es lo mismo. No es lo mismo porque esto significa reconocer un estado de situación del que hay que dar cuenta en su justa causa, para entender con claridad donde estamos y porqué estamos así, para poder aproximarnos a la posibilidad de acertar en los mecanismos necesarios para la reformulación del modo de ejercer la política en nuestro país. Podemos señalar el primer concepto para la reconstrucción política que es reconocernos a nosotros mismos partiendo de un estado de situación común, una misma y cercana raíz histórica como causa de los problemas del presente. El segundo punto en que debe afirmarse la reconstrucción política es el debate de las ideas pensando en la recuperación de nuestras capacidades nacionales y en nuestra organización social popular para sustentarlas. Terminar con el pacto de impunidad es condición esencial para la credibilidad y la recuperación legitima de la acción política. Uno de los elementos centrales para fijar los objetivos de la acción y la organización política de hoy es superar la paradoja y la debilidad de haber llegado a conquistar el gobierno sin fuerza política y social que lo sustente. El freno al proyecto antinacional ha generado las condiciones para avanzar hacia el objetivo de una justa distribución del ingreso. De aquí surgen las dos grandes tareas de la etapa o sea la reconstrucción política del campo popular y la reversión de los mecanismos de exclusión y dependencia. Se convierte en un objetivo político capturar los ahorros que generan el trabajo argentino y terminar con la concentración económica para asegurar una justa distribución de la riqueza. Esta tarea sólo puede hacerla un nuevo Estado. Si el Estado es lo que es su Gobierno y el Gobierno es lo que es la fuerza política que lo ocupa no tendremos el Estado que necesitamos sin superar la crisis política de la que venimos. Con los liderazgos político sociales en cada sector de la comunidad, del trabajo, la producción y del conocimiento será posible constituir la fuerza política que permita profundizar los cambios en la continuidad del gobierno para ser finalmente expresión de la recuperación definitiva del Movimiento Nacional, Popular y Latinoamericano. Un proyecto nacional necesitará el gobierno y los planes de gobierno, pero primero necesita de la fuerza que lo construye, la fuerza política que tiene la gran tarea de la reconstrucción del Movimiento Nacional, Popular y Latinoamericano. Este es el trabajo militante y el objetivo principal de la tarea política.
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Introducción El gran objetivo de nuestra política es el Proyecto Nacional, Latinoamericano y Popular. La tarea política es cómo se llega a él, cómo se prepara la fuerza político social para construirlo, para crearlo, para sostenerlo, para darle continuidad y proyección en el tiempo. El rol de los partidos políticos, de la militancia, de las organizaciones sociales, del Estado necesitan de una profunda y sana revisión para enfrentar el futuro sin fracasos. Reflexionar sobre la construcción política en nuestro país en el siglo XXI no puede hacerse sin una mirada retrospectiva y crítica sobre la política en el siglo XX, problemático y febril.
Tenemos una rica historia, partiendo desde las luchas por la independencia, pasando por la historia de los movimientos político sociales, por la historia del movimiento obrero, por los gobiernos populares de Irigoyen y de Perón , por las luchas de la resistencia a las proscripciones políticas y a los regímenes dictatoriales, atendiendo a las luchas por las conquistas sociales: donde tenemos hitos en los que tuvimos estado, producción, plena ocupación, sin pobreza, con derechos sociales y políticos, eso que se dio en llamar el estado de bienestar, donde la distribución del ingreso le otorgaba un 50 % a los trabajadores.
Y esto es sólo una parte de una larga lista de desarrollos políticos, sociales y populares con que se han enriquecido las raíces de nuestra construcción social como país. Sin embargo esta experiencia aún no fue suficiente.
Estamos en un nuevo momento histórico que nos impulsa a la necesidad de construir y luchar por el proyecto nacional y latinoamericano y eso que sucede tiene un origen más profundo que los cacerolazos del 2001 de los sectores medios indignados por la confiscación de sus ahorros pidiendo que se vayan todos.
Esto nos lo esta marcando, entre otros hechos, la profundidad de la crisis política de tan alta magnitud, y porque esta crisis de representatividad es ante todo una crisis de valores acentuada por los niveles de pobreza, de desindustralización y falta de trabajo, de endeudamiento, de cohesión social y hasta de cohesión territorial.
Por eso más que hablar de construcción política hay que hablar de reconstrucción. Y no es lo mismo. No es lo mismo porque esto significa reconocer un estado de situación del que hay que dar cuenta en su justa causa, para entender con claridad donde estamos y porqué estamos así, para poder aproximarnos a la posibilidad de acertar en los mecanismos necesarios para la reformulación del modo de ejercer la política en nuestro país. Aprender del pasado Después del derrocamiento del gobierno popular de 1955 los condicionamientos políticos por la proscripción y los sucesivos golpes de estado no fueron suficientes para diezmar la contundencia del movimiento nacional que expresaba el peronismo y su líder el Gral. Perón con sus firmes convicciones antiimperialistas y de justicia social. El peronismo, como decía Cooke, era el hecho maldito del país burgués porque el ejercicio pleno de la democracia implicaba sin vueltas gobierno popular.
Así se llega a 1973, con elecciones libres, donde en poco tiempo se producen dos situaciones, la primera la reversión rápida de mejores condiciones sociales y la puesta en marcha de resortes de la economía que restablecieron un justa distribución del ingreso y la segunda la convicción por parte de los enemigos de la patria de que no habían logrado, en tantos años, destruir las bases sociales y estructurales del país para que un gobierno popular, sobre esas bases, pudiera, en poco tiempo establecer un país más justo.
Esta convicción sienta los pilares del golpe del 24 de marzo del 76 que por estas razones es diferente a los anteriores ya que no se trataba simplemente de impedir que gobernaran los hombres del pueblo aunque primero, muerto Perón, intentaron la cooptación y el sometimiento del peronismo. El primer intento significativo fue con Isabel Martínez quién fracasó en la aplicación del plan económico liberal y en la represión e imposición violenta de esos objetivos, a pesar de los numerosos crímenes cometidos, a través de las AAA. Por tanto el golpe no fue contra Isabel Martínez a quien ya la habían ganado para la causa oligárquica, López Rega y Celestino Rodrigo mediante, sino que fue claramente un golpe contra el peronismo en todo lo que representaba.
Martínez de Hoz lo señaló con justeza cuando afirmó que venían por un cambio de mentalidad con la que querían sentar las bases de un nuevo modelo que perdurara en el tiempo. La destrucción del estado mediante la aplicación de los principios de subsidiaridad y apertura irrestricta externa con la secuela del endeudamiento y el aniquilamiento industrial tuvieron su correlato con la persecución y exterminio criminal de las bases sociales y políticas de millares de delegados de fábrica, activistas obreros y de jóvenes de la juventud política. La pérdida de la democracia no fue esta vez sólo la pérdida de los derechos políticos, .perder la democracia fue perder la soberanía a favor de intereses ajenos a la causa del Pueblo.
Entonces podemos señalar el primer concepto para la reconstrucción política que es reconocernos a nosotros mismos partiendo de un estado de situación común, una misma y cercana raíz histórica como causa de los problemas del presente.
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