
A propósito del lock out patronal del campo, nota de opinión de Bernardo Tirelli (*) , publicada en el diario Buenos Aires Económico del 1º de abril
El cierre patronal de las rutas agropecuarias abrió el debate. El conflicto, primero destapó y movilizó a numerosos productores que vieron la oportunidad de expresarse, luego se nacionalizó y trascendió al sector. Si todo conflicto es en esencia político este lo es más porque está llegando al fondo de las grandes cuestiones que como país debemos resolver. El planteo de la eliminación de las retenciones tiene algunos ideólogos fundamentalistas que suelen expresarse en medios privados. Sus argumentos a favor de los grupos de elite y poder económico agropecuario merecen ser considerados para desnudar su mendacidad y su falsedad, pero principalmente porque apuntan a regresar al país del atraso y la exclusión a favor de unos pocos. Pasan de argumentar que las retenciones eran sólo una medida transitoria a decir que ahora ya son confiscatorias, siguen con la mención de los teóricos del Estado liberal y la sociedad comercial para terminar reclamando “la libertad del zorro que gusta de los espacios abiertos” y, claro, no nos dicen, que también el zorro gusta de los gallineros para en libertad exterminar a todas las gallinas.
Como sus argumentos técnico económicos resultan inconsistentes terminan
apelando a la falsedad ideológica criticando el rol del Estado cuando
la verdad histórica señala que la primera gran injerencia del Estado,
incluso creando la Junta Nacional de Granos, no fue de un gobierno
popular sino exactamente lo contrario. Fue el gobierno golpista que
desplaza a Yrigoyen, quien, en la década del 30, crea los instrumentos
pero volcados a favor de la oligarquía terrateniente. El instrumento o
la medida técnica pasan ha ser secundarios, importa los intereses que
se representan. Los mismos instrumentos creados por los liberales del
30 sirvieron para distribuir a favor de los sectores populares en la
década del 50.
El debate pasa a ser un debate de valores, para ellos la sociedad está
sustentada en el individualismo y la libre competencia. Niegan las
evoluciones sociales y nos llevan a la ley de la selva, la del
poderoso, la del libertinaje, la democracia para ellos pasa a ser de
elite sin pueblo.
Por eso el fondo de todo esto es qué país queremos. Hoy se han creado
las condiciones y existe la maravillosa oportunidad de restablecer un
país más justo, con más producción y trabajo, con justa distribución
del ingreso, sin pobreza, más digno, más soberano. Y, si esto es lo que
está en juego, los valores con que se debe reconstruir la Nación no
pueden ser los de la especulación individual, sino otros: los de la
justicia, la solidaridad, la cooperación, valores que sin temor a
equivocarnos abarcan a más del 90% del pueblo argentino.
El no paro
Aunque no se diga, todos sabemos que el campo sojero no paró; atrás de
las tranqueras la soja sigue creciendo y se sigue acopiando. También se
sabe, aunque se destaque poco, que si la convocatoria al cierre
comercial de productos agropecuarios fuera contundente no sería
necesario cortar las rutas e impedir el paso de estos. Con seguridad
los tomates, las peras y demás producciones del campo que se pudren sin
remedio dentro de las decenas de kilómetros de camiones parados por la
fuerza del piquete patronal no vienen de Marte sino de productores que
ignoraron o desafiaron la medida.
Los datos por todos conocidos en cuanto al crecimiento de la
rentabilidad desde el 2003 en adelante están fuera de discusión y
hablan a las claras de la importancia del sector en términos de
intereses económicos.
Lo que no puede discutirse es la justicia de la captación de ganancias
extraordinarias de un sector, beneficiado por razones diversas tanto de
la coyuntura nacional como internacional, para ser utilizadas como
herramientas de redistribución.
El incremento de los commodities en los últimos cuatro meses –de
octubre a febrero– fue muy alto: la soja registró un incremento de casi
el 70 por ciento; el girasol, 75 por ciento, y el maíz, 78 por ciento.
Por esa razón la rentabilidad en febrero se había ido a las nubes. Y
las presiones inflacionarias habían crecido en bienes sensibles de la
canasta de alimentos de la población.
| Soja
| Girasol
| Maíz
| Trigo
| Octubre 2007
| 1.404
| 1.927
| 1.042
| 1.084
| Febrero 2008
| 2.240
| 2.395
| 1.779
| 1.392
| Última Cotización
| 1.826
| 2.242
| 1.906
| 1.210
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(Rentabilidad en pesos por hectárea, luego de retenciones)
Fuente: Secretaría de Agricultura
Si resulta incuestionable la necesidad de la redistribución y
contundente el aumento de rentabilidad del sector, lo que está en juego
no es el presente sino el futuro. Tal vez así lo entendieron los
medios, asociados a los monopolios exportadores y al sector financiero
beneficiado con los negocios de los pules de siembra, que ejercieron
una cobertura sesgada por la parcialidad y con clara intención
desestabilizadora.
Separar la paja del trigo
Los cortes espontáneos en defensa del campo expresan también realidades
diferenciadas al mismo tiempo que se agitan, con otros intereses,
falsas contradicciones levantando la bandera del campo. No se puede
considerar la protesta agraria, o del campo, como una expresión de un
único sector social, homogéneo, con uniformidad de intereses
distribuido en la vasta geografía de nuestro país.
No son lo mismo los grandes propietarios productores, ni los poderosos
pules de siembra, que los pequeños y medianos productores de la pampa
húmeda, o del litoral, del mismo modo que no se los puede comparar con
los colonos chaqueños o santiagueños, para solo mencionar algunas de
las dicotomías.
Si al proceso de sojización no se le quita rentabilidad hoy en la
Argentina, no es negocio producir ninguno de los demás cultivos. Y
cuando se le quita aparecen las diferencias entre sectores concentrados
respecto de los que no lo son y se producen diferencias territoriales
donde la rentabilidad es cuestionada por baja calidad agropecuaria de
las tierras o por lejanía, dada la mayor incidencia de los fletes.
Ciertas decisiones requerirán un mayor esfuerzo a la hora de analizar
sobre quien van dirigidas, a quienes afectan y a quien benefician
Esto significa abrir el debate hacia adentro e implica no sólo adoptar
medidas complementarias o rectificadoras sino empezar a definir
proyectos de largo plazo, o sea a más de 20 años de desarrollo por
regiones priorizando las subdesarrolladas y las actividades que
combinen inteligentemente rentabilidad, tecnología y empleo.
Esto decididamente no es soja. No es soja, no porque la soja no
incorpore tecnología, ya que un grano de soja tiene incorporada más
tecnología e industria que muchos productos industriales que se siguen
fabricando como hace cien años. No es soja porque nadie puede sostener
con seriedad un proyecto de país basado en el monocultivo y la
dependencia externa de mercados, un país para pocos, excluyente y
soberanamente débil.
Que es entonces? Resolver esto implica iniciar el debate por el
Proyecto Nacional y ello supone una mirada no solamente económica,
tributarista, de cadena de valor o simplemente técnica. Se requiere una
lectura profundamente política, porque los intereses en juego expresan
también posiciones concretas respecto del poder político en nuestra
sociedad.
La fabula del sapo y el alacrán
Como es sabido, el alacrán es un depredador natural del sapo. El
alacrán se encontró con un sapo y le propone un pacto: si lo cruza al
otro lado del río, donde le han dicho que hay comida, él no lo atacará.
Cuando están en la mitad del río el alacrán le aplica una picadura
mortal. El sapo desesperado y moribundo le increpa por qué ha hecho eso
si con su acto ha determinado también su muerte. La respuesta que
recibe del alacrán es "Lo siento es mi esencia".
La pregunta que nos hacemos es porque los pequeños productores subieron
a su lomo al alacrán, teniendo en cuenta, además, que el alacrán
argentino no se suicida, antes de picar mortalmente se procurará una
hoja salvadora para llegar a la orilla. Tal alineamiento, por más que
se intente hacerlo desde una diferenciación de la consigna, solo
consolida la visión de los grupos económicos concentrados y su misión
desestabilizadora
Además de señalar esta debilidad es imprescindible ver otras
responsabilidades. Toda crisis, como esta, tiene la virtud de desnudar
escenarios y posiciones y uno de los aspectos que quedó en evidencia es
la orfandad de la política y de los políticos ausentes absolutos en
este conflicto. Toda la clase política, de todos los partidos, estaba
en los últimos meses en la reorganización burocrática partidaria ajenos
a los debates y compromisos con los grandes temas nacionales. No
alcanza con dos o tres actores importantes. La devastación de nuestro
país también alcanzó a la política. Porque el intendente de un pueblo
chacarero es probable que también sea chacarero y conozca a sus vecinos
y sus problemas, pero él tampoco tiene con quién debatir y comenzar a
construir un proyecto común. El país deseado, el de todos.
Mejorar la distribución del ingreso, incluyendo a los pequeños
productores, significa cambiar las estructuras que siguen generando
concentración económica. Esto debe hacerse con consensos mayoritarios
que permitan crear un nuevo Estado. Superemos el debate entre la
argentina especulativa y la productiva. Una argentina de producción y
trabajo, un país territorialmente integrado y socialmente justo se
realiza con la reconstrucción del Proyecto Nacional entre todos los
sectores y actores sociales y productivos.
Esta no es una tarea exclusivamente gubernamental, es una tarea
política, de los líderes sociales y productivos de todos los niveles,
de los hombres y mujeres del conocimiento y de todos los que tiene un
compromiso con la Patria.
Si la sensatez patronal vuelve a abrir las rutas de la producción que el debate a lo largo y ancho del país siga abierto.Bernardo Tirelli es ingeniero con formación en planeamiento estratégico nacional. Es especialista en proyectos de inversión y desarrollo regional. Integró el equipo que redactó el plan de gobierno de Néstor Kirchner, preside la Fundación Sur en Movimiento y es coordinador nacional del Movimiento Jauretche de Profesionales y Empresarios.
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